¡Por los rincones de Querétaro en bicicleta!

La mirada aguda de un cazador de historias armado con una cámara y una bicicleta te llevará a un encuentro cercano por los puntos más insospechados de este bellísimo estado

Eliesheva Ramos  ·  3 abril, 2023
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Seguro imaginas un interesante y hedonista acercamiento a su mundo vitivinícola, una exquisita cata de quesos maduros o la calidez de sus aguas termales cuando piensas en Tequisquiapan, uno de los seis pueblos mágicos de Querétaro.

Pero este municipio alberga infinidad de tesoros. Minas que permiten que atisben en sus entrañas; generosos ríos, artesanos que impiden que la tradición del trabajo de la vara desaparezca, tranquilas calles que se angostan y se ensanchan caprichosamente para conducirte por un poblado que recuerda la auténtica provincia, un poblado que, sobre ruedas, se aprecia mejor.

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Pedalear como medicina

Cuando Atonatiuh se regaló una bicicleta por su cumpleaños, seguramente no imaginó que ese vehículo no solo lo salvaría del hartazgo ocasionado por la pandemia, sino que lo convertiría en promotor de uno de los estados más bellos de la República Mexicana.

‘La colorada’ llegó a su vida el 1 de junio de 2020. En realidad se trató de un autorregalo. Atonatiuh Bracho, cineasta y fotógrafo, la bautizó así porque es el nombre de un lugar muy significativo para él en Baja California Sur, un sitio muy cercano a la tierra natal de su abuela Dolores.

Cuando la miró se imaginó devorando kilómetros, pero no la montó enseguida, sino que procedió a enchularla hasta convertirla en un vehículo adecuado para recorrer, de inicio, cada rincón de Querétaro.

El 02 de agosto, justo en el vigésimo aniversario luctuoso de su padre, Atonatiuh pedaleó hacia la libertad en busca de los tesoros de Tequisquiapan sintiéndose el hombre más afortunado del mundo.

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Destino imperdible

No era su primera visita, pero sí la primera vez que llegaba en bicicleta.

“Sonreí desde lo más profundo de mi ser y me invadió esa sensación tan especial que solo vivo cuando estoy rodando… ¡tanta libertad, tantas imágenes, tantos paisajes y tantos pensamientos y sentimientos!” confiesa este cazador de historias.

Entre sus angostas y pintorescas calles, Atonatiuh miró y sintió la energía y el movimiento colorido de este pueblo, movimiento colorido que se extiende desde las entrañas de la tierra con sus minas repletas de ópalos hasta el cielo lleno de “dragones”.

Del cielo al suelo

Observar el amanecer entre las nubes sin duda es un privilegio reservado a los madrugadores. Si sueñas con surcar los aires dentro de un enorme y colorido globo aerostático tendrás que levantarte como a las 5 am.

El punto de reunión es La casona Tequisquiapan. Este hotel y spa es el punto de partida perfecto para el disfrute de una gran variedad de alternativas locales, incluyendo el vuelo en globo aerostático, una experiencia entre temida y anhelada.

Tras tomar un poco de café caliente para minimizar la fría mañana de febrero, de allí parten camionetas con todos los que quieren volar.

Tequisquiapan en bici

El lugar del despegue está lleno de movimiento; hombres de todas las edades se afanan para lograr una experiencia única pero, sobre todo, segura.

Desde el despliegue del globo hasta que inicia su llenado con aire caliente es un proceso lento y delicado que requiere de la atención de profesionales y apasionados en su cargo. 

Cuando los tripulantes se acomodan dentro de la canastilla de mimbre, y tras la orden del capitán, inicia la aventura hacia las nubes.

Durante casi una hora se disfrutan distintas emociones nacidas de la contemplación del horizonte y de bellezas únicas como la Peña de Bernal, uno de los tres monolitos más grandes de la tierra.

En el siglo XVIII el descenso de los globos aerostáticos era motivo de incredulidad y angustia. La gente no sabía si se trataba de dragones u otra cosa mágica.

En ocasiones los tripulantes eran agredidos por campesinos que veían cómo un objeto que escupía fuego descendía en sus terrenos; para calmar los ánimos, dicen, los viajeros descorchaban una botella mientras les explicaban que tras ese globo solo había ciencia.

Pero más allá de esa historia, el aterrizaje sin contratiempos es digno de una celebración. Por ello, una vez sanos y salvos con los pies en la tierra, el capitán dirige una oración y descorcha un vino espumoso que será degustado por todos los tripulantes.

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Vinos obtenidos con tesón y pasión

Quien escuche que en tres añadas la vinícola San Juanito ha ganado más de 50 medallas, jamás imaginaría que cuando sus propietarios pidieron un análisis de tierra negra y tepetate para iniciar la plantación de vid recibieron un rotundo no.

Y es que en Tequisquiapan, como en todo Querétaro, la viticultura se torna extrema. Es una de las regiones vitivinícolas más altas del mundo —2,000 metros snm—, está en el punto más al sur posible para el cultivo de la vid en el hemisferio norte y muy cerca del Ecuador.

El hecho de que esté fuera de esa franja natural de cultivo de la vitis vinífera se suple con sus microclimas, los cuales son idóneos para la creación de obras de arte bebibles que son el pretexto ideal para infinidad de experiencias sensoriales como las que pueden vivirse en San Juanito.

Esta bodega inició en 2007. Originalmente se trataría de una casa de campo productiva y auto sustentable. El primer intento se centró en la plantación de diferentes árboles frutales, pero las nevadas dieron al traste con todo.

Pero lo que entonces fue una tragedia, ahora se ve como una bendición, pues este viñedo, abierto para infinidad de experiencias sensoriales, ahora está considerado el segundo con más medallas de Querétaro.

Allí puedes realizar diversos recorridos entre sus viñedos y catas tanto dentro como fuera de su elegante cava de madera iluminada por luces rojas.

Además, cuenta con un hotel boutique de cinco habitaciones, la principal con una barrica que funciona como jacuzzi… ¡toda una experiencia!

Pero hay más: al fondo de la propiedad hay un aljive que también sirve como jacuzzi al aire libre.

Y si después de una buena degustación de vinos se quiere agasajar aún más el paladar, nada como una buena cata de quesos.

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Bocanegra, un deleite

Tequisquiapan es sede de la Feria del Queso y el Vino, tradicional festival en donde se exponen los mejores productos vinícolas y los más deliciosos quesos elaborados en tierras queretanas.

Una muestra de la calidad de sus quesos es Bocanegra, parada imperdible. Prepárate para un festín sensorial en la primera cava de quesos de ese municipio.

Para ser testigos del proceso artesanal hay que descender cinco metros bajo la tierra.

El lugar es frío -15 grados Celsius-, oscuro y con un 95 por ciento de humedad. Allí, tras un cristal y sobre repisas de madera de pino, reposan decenas de quesos; el objetivo es que adquieran los hongos necesarios que les otorgarán ese sabor que enloquece. 

Mientras observas, el guía cuenta que un queso maduro es cualquiera que haya reposado más de dos meses, y que entre más tiempo permanezca en cava más fuerte será su sabor… ¡y su precio! Tras esa visita sin duda reconocerás porqué algunos quesos son tan apreciados.

Cerveza con sabor a Tequis

Pero si tu objetivo es expandir tus conocimientos sobre otro producto muy apreciado en México, dirígete, a Norte B, una cervecera artesanal ubicada justo enfrente de Bocanegra. 

Norte B perfeccionó la manera en que se prueba este líquido: bebiéndola en el mismo lugar donde se produce. Y va más allá, pues en sus catas podrás servirte directamente del contenedor un poco de alguno de los cuatro diferentes estilos que producen.

Allí la cata de cervezas no solo te dejará el mejor sabor de boca, sino  datos como que existen dos grandes familias de levaduras para la elaboración de esta bebida: Lager y Ale. 

Luego del breviario cultural, disfruta de una buena plática con tus familiares y amigos mientras degustas un choripan o unas tradicionales pizzas. Aquí sí que saben que lo más valioso de la vida son las experiencias compartidas. 

Un pueblo vivo

Tras esa explosión de emociones, Atonatiuh recomienda relajarse en su bello centro histórico. La luz embellece el quiosco y resalta los colores rosados de la arquitectura de la parroquia Santa María de la Asunción, una construcción de estilo neoclásico.

Pedalear en Tequis es altamente disfrutable. Unas calles repletas de bugambilias y otras con papel picado que cuelga entre las casas en forma de techo multicolor, son ideales para perder la noción del tiempo y, de paso, obtener imágenes muy instagrameables.

Para tomar aliento, Atonatiuh recomienda detenerse a degustar un helado y permitirse descubrir -o ser descubierto- por personajes como Don José Trejo, un artesano de unos 80 años que vende canastas, sombreros y “cachuchas” en un puesto montado a un pasito de la parroquia.

Tequisquiapan en bici

Don José le cuenta a Atonatiuh sobre sus padres artesanos. Sin duda una plática entrañable con una persona ávida de presumir su terruño, orgullosa de hablar de Tequisquiapan con gente de otras latitudes.

Mientras Don José presume su tierra natal, su vecina, Doña Mary, una vendedora de muñecas Lele (bebé en otomí) además de regalarle una sonrisa, le pide al fotógrafo no irse antes de probar el delicioso pan de queso, una de las tantas joyas de la gastronomía local.

Tras esas experiencias de vida Atonatiuh retoma el pedaleo.

“Son tantos lugares, tantos rincones, que no quiero perderme ninguno y quisiera perderme en todos” dice.

Mientras se despide, este cineasta lanza una invitación a acompañarlo en su travesía queretana. “Estoy seguro que juntos conoceremos infinidad de historias”.

Y así deja atrás Tequisquiapan, pueblo entrañable de sonrisas y amables rostros, de colores y sabores, de cultura e historias; sin duda un pueblo vivo.

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