La catedral del Mariachi tiene la autoridad y la experiencia para seguir siendo guardián de la música regional mexicana. Su papel es clave para preservar letras, sonidos y tradiciones que forman parte del corazón cultural de México.
La presentación del libro Tenampa, Voz y Sabor de México marcó el punto final —y el más simbólico— de un año completo de conciertos, colaboraciones, eventos especiales y homenajes para celebrar el centenario del Salón Tenampa.
No se trataba solo de sacar un libro bonito, sino de dejar constancia física de todo lo que se celebró y de todo lo que el Tenampa ha significado durante un siglo.

Antes del mito: Garibaldi antes del mariachi
Para entender al Tenampa, hay que empezar por la Plaza Garibaldi, un espacio que existe desde tiempos prehispánicos, cuando funcionaba como barrio alfarero, y que durante el Virreinato fue conocida como Plazuela del Jardín y luego Plaza de Baratillo.
No fue sino hasta inicios del siglo XX cuando adoptó el nombre de Garibaldi, en honor —según distintas versiones— a Giuseppe Garibaldi o a su nieto Peppino, participante en la Revolución Mexicana.
En esos años, Garibaldi aún no era sinónimo de mariachis: la música llegó poco a poco y no formaba parte del paisaje original.

1925: cuando todo cambió
El punto de quiebre llegó en 1925, con la apertura del Salón Tenampa, fundado por Juan Indalecio Hernández, un comerciante originario de Cocula, Jalisco.
Fue él quien invitó al Mariachi Cocula de Concepción Andrade, el primero en tocar de forma regular en la plaza, la semilla de lo que hoy es el mayor escenario callejero de mariachi del país.
Ese gesto no solo cambió la historia del Tenampa, sino que transformó para siempre la identidad de Garibaldi.

De cantina a templo cultural
En sus primeros años, el Tenampa fue un espacio de bebida y convivencia, pero la llegada del mariachi lo convirtió en el corazón musical del lugar y en referencia obligada para escuchar música vernácula, platica Fernanda Aguilera, directora y quinta generación del Salón Tenampa.
Durante la llamada Época de Oro del cine mexicano, el Tenampa se volvió refugio habitual de figuras como José Alfredo Jiménez, Chavela Vargas, Pedro Infante y Cantinflas, quienes no solo bebían ahí, sino que transformaron el lugar en mito.
Muchas de las canciones que hoy identificamos con el Tenampa nacieron o se consolidaron en ese contexto, al grado de convertirse en himnos populares.
Un lugar donde cabe todo México
A lo largo de cien años, el Tenampa ha sido escenario de historias mínimas y enormes: peticiones de matrimonio que se repiten por generaciones, despedidas finales acompañadas de mariachi y encuentros que marcan vidas, recordó Dulce Villaseñor, editora del ejemplar.
“Es un espacio donde se puede ir a cantar de felicidad o a llorar el desamor, y esa dualidad es parte esencial de su magia”, agregó Claudio Poblete, director general de Culinaria Mexicana.
Para muchos de los chefs invitados, esa carga emocional es lo que vuelve al Tenampa uno de los lugares más democráticos de la ciudad: aquí entra todo mundo y todos vienen a lo mismo —a compartir la vida.
El libro: dos años, infinidad de voces y un solo relato
Hacer el libro tomó casi dos años y fue un reto editorial mayúsculo, porque había que coordinar las voces de la familia, el personal, los artistas, los cocineros, los fotógrafos y la historia misma del lugar, cuenta Poblete.
El objetivo era claro: que no fuera un libro familiar, sino un libro con raíces, capaz de contar la historia del Tenampa como patrimonio cultural vivo, agregó la editora.
La estructura combina testimonios en primera persona, una línea del tiempo por décadas, entrevistas, murales, cine, música y una sección gastronómica pensada para replicarse en casa.

De la barra a la cocina: el giro gastronómico
La investigación reveló algo que muchos olvidaron: el Tenampa no empezó solo como cantina, sino como un espacio de antojitos estilo Jalisco, con ponches, barbacoa y carnitas los fines de semana, recordó Fernanda Rivera, directora y quinta generación del Salón Tenampa.
Hoy, la gastronomía es uno de los pilares del lugar, con recetas creadas por chefs invitados y platillos de casa que dialogan con la tradición.
Aquiles Chávez, Pepe Salinas y Gerardo Vázquez Lugo, Josefina Santacruz, Lula Martín del Campo, Alexander Suástegui y, claro, Josefina López —chef ejecutiva del Tenampa—, compartieron sus recetas, las cuales se acompañan de una canción, porque este libro se lee mejor con música ranchera de fondo.
Eso sí: hubo un límite claro. La receta del delicioso ponche de granada se queda en casa.
Imagen, papel y memoria
Desde la fotografía, el reto fue provocar antojo y emoción, hacer que una imagen bastara para que alguien quisiera sentarse a la mesa del Tenampa, confesó el fotógrafo Fernando Gómez Carvajal.
La portada implicó decisiones difíciles y hasta desmontar mobiliario histórico para lograr el encuadre perfecto, añadió Claudio.
“La apuesta por el libro impreso fue deliberada: la memoria se toca, se huele y se guarda en bibliotecas”, dijo tajante el director de Culinaria Mexicana.
Un siglo que no se cierra, se expande
El libro también funciona como embajada cultural: cerca del 60% de los clientes del Tenampa son extranjeros que buscan llevarse un pedazo auténtico de México, refirió Fernanda Rivera, quinta generación del Salón Tenampa.
La edición es limitada a mil ejemplares, con venta directa en el Tenampa y en línea, como pieza de colección.
Y aunque este libro cierra los festejos del centenario, el mensaje de Fernanda Aguilera fue claro: no es un final, es el inicio del siguiente siglo, ahora con proyectos digitales y nuevas formas de contar la historia.
Como periodista tengo la misión, parafraseando al intelectual español Julio Anguita, de perturbar, de agitar el cerebro, de mover las conciencias. Para lograr esos objetivos me aferro al abecedario como otros se aferran al escapulario.


