En Jalisco es una costumbre comer delicioso, algo muy fácil para sus habitantes y visitantes, debido a la extensa gastronomía que existe en el estado. Aunque algunos platillos son más populares que otros, todos son perfectos para deleitar como se debe al paladar.
Un ejemplo muy claro, son los sopitos de Sayula, unos llamativos y pequeños sopes hechos a mano con masa de maíz que se fríen hasta quedar levemente doraditos.
Los sopitos que sirven en este Pueblo Mágico suelen llevar ‘cuete’ o falda de res en trozo, tomate, cebolla picada, jitomate, hueso de cerdo, lechuga, col, rábanos, queso rallado al gusto, pimienta, laurel y orégano fresco.
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También suelen servirse con picadillo de carne de res, zanahoria, calabaza cocida, sal y laurel. Se acompañan con queso molido, col picada, rábanos y salsa de jitomate cocido con orégano, entre otros ingredientes que se han ido agregando a la receta original.
Para muchos, los verdaderos sopitos estilo Jalisco llevan carne de res deshebrada sobre tortillas ligeramente doradas y con guarnición de lechuga, cebolla y cilantro.
De hecho, existen versiones de este platillo que incluyen frijoles, carne, pollo y queso. Algunas personas acostumbran acompañarlos con salsas de botella roja y verde, aunque saben mucho mejor con una salsa casera hecha a mano.
Como suele ocurrir con muchos platillos tradicionales, no existe una versión oficial acerca de cuál es el origen de los sopitos.
A pesar de esto, una buena cantidad de los habitantes de este municipio coinciden en que hace tiempo vivió una famosa cocinera llamada Felícitas Ceballos Hernández, pero que de cariño era apodada “La Güera”.
Aquella señora trabajaba como servidora doméstica en una casa adinerada pero con el tiempo aprendió a cocinar.
Tiempo después atendió una pequeña fonda, la cual servía alimentos desde muy temprana hora por lo que tuvo mucho éxito entre los comensales. Gracias a esto, doña Felicitas como también le decían, decidió expandir el negocio y decidió abrir una cenaduría en el Portal Libertad.
Poco tiempo después empezó a servir comida en su casa, ubicada en la calle Venustiano Carranza. Fue ahí donde nacieron los sopitos, que rápidamente se convirtieron en el platillo principal del negocio.
Aquellos primeros sopecitos eran torteados a mano y la carne era de gallina y de res, que “La Güera” cocinaba de memoria con puños de olores o especias. Para ella no existía una receta fija o prefabricada.
Esta historia es una muestra de que la mezcla entre el ingenio mexicano y la gastronomía nos ofrece platillos creativos y deliciosos. En el caso de Jalisco, nunca nos podríamos cansar de comer unos exquisitos sopitos de Sayula.
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