Con aromas, música, textiles, imágenes y tradiciones que recorrieron tres estados, la Semana Cultural Marroquí se convirtió en algo más que una agenda diplomática.
Durante nueve días, Marruecos no solo se presentó en México: se hizo presente con todo su poderío cultural.
Con aromas, música, textiles, imágenes y tradiciones que recorrieron tres estados del país, la llamada Semana Cultural Marroquí se convirtió en algo más que una agenda diplomática: fue una experiencia sensorial que acercó dos culturas que, aunque geográficamente lejanas, comparten una profunda raíz artesanal, gastronómica y festiva.
La iniciativa, impulsada por la Embajada del Reino de Marruecos en México, llevó actividades culturales y artísticas a Ciudad de México, Tabasco y Sonora, dejando claro que la cultura sigue siendo uno de los lenguajes más efectivos para conectar pueblos.

De la alta cocina marroquí a Garibaldi
El arranque ocurrió en el Hotel Presidente InterContinental de la capital, donde la gastronomía tradicional marroquí, la música folclórica, un concierto de música clásica, exposiciones fotográficas, desfiles de caftanes y muestras de artesanía convirtieron el espacio en una ventana directa al norte de África.
Pero uno de los momentos más simbólicos sucedió fuera del protocolo: una fusión musical entre Marruecos y México en la Plaza Garibaldi. Ahí, en el corazón de la música popular mexicana, sonaron ritmos que cruzaron continentes y demostraron que el lenguaje musical no necesita traducción.

El recorrido continuó por el país
La experiencia se trasladó después a Villahermosa, Tabasco, con presentaciones de danza, moda tradicional, música y artesanía en el Centro Cultural Villahermosa.

Finalmente, Sonora recibió a Marruecos como país invitado en el Festival Alfonso Ortiz Tirado, integrando su gastronomía y expresiones artísticas al programa oficial.

Más que una gira cultural, fue una ruta de intercambio que permitió a distintos públicos mexicanos tener contacto directo con una cultura milenaria.
Cultura como diplomacia viva
Durante la presentación del programa, el Embajador Abdelfattah Lebbar subrayó que esta semana representaba mucho más que un evento cultural: era una forma de reforzar la cooperación y el entendimiento entre ambos países.

Y eso fue justamente lo que quedó. No solo fotografías, platillos o presentaciones, sino la sensación de cercanía entre dos tradiciones que dialogaron desde la música, el textil, la cocina y el arte.
Porque cuando la cultura viaja, no solo se muestra: conecta.
Como periodista tengo la misión, parafraseando al intelectual español Julio Anguita, de perturbar, de agitar el cerebro, de mover las conciencias. Para lograr esos objetivos me aferro al abecedario como otros se aferran al escapulario.


