Una pieza arqueológica vuelve a despertar la curiosidad por el pasado de México y abre nuevas preguntas sobre las historias que aún permanecen ocultas.
El cráneo de turquesa guarda una historia marcada por viajes, investigación y preguntas que todavía no tienen respuesta. La pieza permaneció cerca de seis décadas en Países Bajos.
Su regreso a México ocurrió en mayo de 2025, después de un proceso de restitución en el que participaron instituciones mexicanas, el colectivo Nohivi Ñuu Savi y autoridades neerlandesas.
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Una serpiente de turquesa sobre un rostro antiguo
El cráneo humano conserva sobre el hueso frontal un mosaico de pequeñas piezas de turquesa con forma de serpiente. También incluye elementos de concha en tonos rojizos y blanquecinos.
En la zona del ojo permanecen una pieza de jadeíta y otra de cristal de roca, materiales que contrastan con la fragilidad del hueso humano.
Los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia identificaron una técnica de ornamentación documentada durante el Posclásico Tardío, entre 1200 y 1521.
Esta tradición aparece particularmente en regiones que actualmente corresponden a Puebla y Oaxaca. Sin embargo, todavía no existe certeza sobre quién elaboró la pieza ni para quién estaba destinada.
El cráneo de turquesa llegó a un museo de Leiden en 1962, procedente del mercado del arte. La pieza carecía de información suficiente sobre su procedencia y perdió así una parte fundamental de su contexto original.
Antes de su retorno, investigadores realizaron estudios entre 2011 y 2012. Aplicaron análisis de isótopos, fluorescencia de rayos X y estudios de osteobiografía para confirmar la antigüedad del resto y sus materiales prehispánicos.
Además, encontraron sustancias adhesivas modernas en algunas zonas. Este hallazgo podría indicar que el mosaico sufrió modificaciones, reacomodos o reutilizaciones antes de ingresar al mercado del arte.
El misterio detrás del hombre
Los especialistas saben que se trata de un hombre de entre 25 y 40 años, pero todavía no pueden determinar con certeza el sitio arqueológico o comunidad de donde provino.
El INAH contempla realizar análisis complementarios, entre ellos una datación por radiocarbono y estudios de ADN antiguo mediante algunas piezas dentales o el hueso temporal.
Una posibilidad apunta a que la ornamentación pudo relacionarse con el estatus, la memoria o la importancia social de la persona. Los especialistas encuentran un antecedente interesante en la Tumba 7 de Monte Albán.
Desde su regreso, el cráneo cuenta con registro, inventario especializado y una representación digital tridimensional. Además, el INAH mantiene contacto con el Museo Comunitario Yucu Saa, en Villa de Tututepec, Oaxaca, interesado en resguardar y exhibir la pieza.
Por ahora, el cráneo de turquesa continúa bajo resguardo del INAH mientras los especialistas buscan reconstruir una historia que perdió parte de su contexto hace décadas.
Su regreso permite conservar la pieza y, al mismo tiempo, abrir nuevas investigaciones sobre su origen, significado y posible vínculo con comunidades de Oaxaca. Sigue explorando nuestro sitio para descubrir más historias del patrimonio cultural mexicano.
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